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Alabado
sea Allah, a Él damos las gracias y pedimos ayuda y
perdón. Que Allah nos proteja de nuestras propias
maldades y de nuestras malas acciones. Aquél a quien
Allah guíe no se extraviará, pero quien se aparte del
camino no podrá ser guiado. Doy fe de que no hay más dios
que Allah , Único, y que Muhammad es Su siervo y Su
enviado.
Lo que me
ha impulsado a escribir este documento es mi deseo de
adoctrinar y recordar algunas de las normas legítimas que
rigen las relaciones entre los humanos, en especial las que
rigen las relaciones entre los musulmanes y no musulmanes.
Lo hago, además, en un tiempo en el que proliferan las ideas
opuestas, se confunden los conceptos y se hacen
interpretaciones erróneas de los textos canónicos, alterando
con ello la imagen del Islam. Lo hago en un tiempo en el que
se alzan voces que afirman que el odio, la crueldad y el
asesinato de inocentes forman parte de las enseñanzas del
Islam; voces que hablan del peligro que representa el Islam
para la humanidad y para la paz mundial, y que lo definen
como caldo de cultivo del llamado terrorismo internacional.
Por este motivo, considero una
obligación dar a conocer, del Islam, el concepto que a mi
parecer es el correcto en cuanto al trato del musulmán hacia
el no musulmán y, despejar toda duda suscitada al respecto,
sobre la base de los textos de derecho islámico hallados en
el Corán y la
Sunna.
A Allah
imploramos bienaventuranza y dicha. Él es dueño del destino.
El Islam
es una religión benévola y vital, alberga el modelo para
llevar una vida positiva, y es la religión de todos los
profetas comenzando por Adán, seguido por Noé, Abraham,
Moisés, Jesús, etc. y concluyendo con Muhammad, que la paz y
la bendición de Allah estén con todos ellos.
Creer
en los profetas y en los libros revelados por Allah,
como la Torá y el Evangelio, se considera uno de los pilares
de la fe islámica. El musulmán cree que las escrituras
sagradas les fueron reveladas a los profetas con la
intención de afirmar la existencia del Creador del Universo
e insistir en amar al prójimo y hacer el bien; ya que el
Islam es la religión de Allah que insta al bien y a
la justicia, reprueba cualquier indicio de perversidad y
guarda a sus fieles de cometer injusticias, actos violentos
o trasgresiones. Pues a ningún musulmán le está permitido
provocarse daño a sí mismo ni a los demás, sean de la
confesión que fuere, ya sea físicamente o por amenaza o
presión. Es más: nos está negado proteger a los opresores y
corruptos que no respetan la sangre, el honor o los bienes
de los inocentes y los civiles. Considero que quien oculta
al criminal que agrede a los demás se convierte en partícipe
del crimen, por lo que será castigado ante Allah en
el Día del Juicio, día en que será solo el Altísimo quien
sopese las acciones y de ningún modo habrá injusticias.
Para
comprender íntegramente el mensaje revelado, no deben
ignorarse los principios básicos que rigen la relación del
musulmán con el no musulmán.
En lo que
sigue, haré una sinopsis de estos principios:
Primero:
el fin último del mensaje del Islam es la misericordia y
hacer que el bien llegue a la totalidad de la humanidad,
incluso a todas las criaturas. Dice Allah, el
Altísimo: “Y no te hemos enviado sino como misericordia
para todos los mundos” (Sura de los profetas,
107). El profeta dejó claro que esa misericordia no hacía
referencia únicamente a los musulmanes, sino que aludía a la
gente, pues dijo, que Allah bendiga y salve: “Quien
no tenga misericordia con los demás, no se tendrá
misericordia con él”. (relatado por Al Bujari). Dijo
asimismo: “Con los misericordiosos Allah tiene
misericordia. Tened misericordia con quienes están en la
tierra y la tendrá con vosotros Quien está en los cielos” (relatado
por Abu Daud). Se observa que
la misericordia no se prescribe para con los musulmanes,
sino para con todo el mundo pues los musulmanes no son los
únicos pobladores de la tierra.
Segundo:
Esta misericordia nos lleva a desear el bien a la humanidad
y a invitarle a obedecer a Allah y a su profeta, es
decir a que abracen aquello que les confiere la vida y hace
posible su felicidad tanto en esta vida, como en la otra.
¿Acaso el
musulmán que guarda rencor está en condiciones de hacer
llegar el bien a la gente a la que odia y contra la que
planea combatir o a la que piensa matar o robarles el dinero?
No se le está permitido, pues el musulmán ha de amar a la
gente sean o no musulmanes, amar en tanto que desear el bien
y la salvación, y ¿si el amor del musulmán al no musulmán
fuera de verdad motivo de recriminación o estuviera contra
la ley divina y contra el principio islámico de ser fiel a
los creyentes y renegar de los infieles, por qué Allah
permitió el matrimonio del musulmán con una mujer que
profesa la religión bíblica? Y ¿por qué ha sido descrita esa
unión en el Corán como una relación de cariño y de
comprensión? Como dijo Allah, el Altísimo: “ Hoy
se os hacen lícitas las cosas buenas. Y es lícito
para vosotros el alimento de los que recibieron el Libro,
así como el vuestro lo es para ellos. Y (son lícitas para
vosotros) las mujeres libres y honestas que sean creyentes,
así como las mujeres libres y honestas de los que recibieron
el Libro antes que vosotros, si les dais sus dotes como
casados, no como fornicadotes ni como los que toman amantes”.
(Sura de la Mesa Servida,6)
De ahí se
deduce que la negación de amor a los no musulmanes es algo
propio del que se opone a Allah y a Su profeta -tanto
si es musulmán como si no-, del injusto que somete a la
humanidad y que no merece nuestro amor, nuestra lealtad ni
nuestro apoyo; pues el amor debe entregarse a la humanidad
sin hacer distinciones religiosas.
Tercero:
El término islámico que hace referencia a la propagación del
mensaje del Islam es la Daawa que es
invitación; al serlo, el invitado tiene derecho a aceptar o
a rechazar. En vista de lo cual, el Corán y la sunna
profética condenan insistentemente la imposición como forma
de propagación del mensaje del Islam; dijo el Altísimo: “No
hay coacción en la Práctica de Adoración, pues ha quedad
claro cuál es la buena la dirección y cuál el extravío”.
(Sura de la Vaca, 256)
Cuarto: El
rechazo del mensaje no está sujeto a pena que la comunidad
tenga que contemplar. Dice Allah; el Excelso:
“Y si se apartan... No te hemos enviado como guardián de
ellos, a ti sólo te incumbe transmitir”.. (Sura de la
Consulta, 48)
Es más, el
noble Corán deja claro que la diversidad en las sociedades
humanas, y entre ellas la religiosa, es una cuestión de
hecho contra cuya existencia los musulmanes no tienen
obligación ni derecho. Dice Allah, el Altísimo: “Si
tu Señor hubiera querido, habría hecho que los hombres
fueran una única comunidad. Sin embargo no dejarán de ser
contrarios unos a otros”. (Sura de Hud 118- 119) al
igual que revela el Altísimo en el Corán: “Y si tu Señor
quisiera creerían todos los que están en la tierra. ¿Acaso
puedes tú obligar a los hombres a que sean creyentes?”.
(Sura de Yunus, 99)
Con lo que
se invalida la apelación a la exigencia de supresión de toda
religión hasta que no quede más que el Islam sobre la tierra.
Como dice el Altísimo: “Realmente la práctica de
Adoración ante Allah es el Islam”.. (Sura de la Familia
de Imrán, 19) O cuando dice: “Y quien desee otra práctica
de Adoración que no sea el Islam, no le será aceptada y en
la Última Vida será de los perdedores”. (Sura de la
Familia de Imrán, 85)
Pues
estas dos aleyas hablan del final al que llevan la fe y la
impiedad en el Día del Juicio y no se pronuncian acerca del
castigo en la vida terrenal por el rechazo del Islam, pues
el que tiene potestad para aceptar o no aceptar es
únicamente Allah.
Quinto:
A pesar de que la unión basada en la ideología y el
hermanamiento basado en la fe son dos de las formas más
sublimes de unión entre los humanos, existen otros lazos y
otro tipo de relaciones entre los hombres, en los que hay
cabida tanto para los musulmanes, como para los no
musulmanes. De hecho se observa que muchas aleyas coránicas
comienzan con la siguiente palabra del Altísimo: “¡Hombres!”
y no con esta otra: “¡Creyentes!”.. Todas estas
aleyas hablan de los grandiosos lazos que unen a los humanos,
sin tener en cuenta su religión. Un ejemplo de esto son las
siguientes palabras de Allah, el Altísimo: “
¡Hombres! Temed a vuestro Señor que os creó a partir de un
solo ser, creando de él la su pareja”. (Sura de las
Mujeres, 1) Y estas otras: “¡Hombres! Os hemos creado a
partir de un varón y de una hembra y os hemos hecho pueblos
y tribus distintos para que os reconocierais unos a otros.
Y en verdad que el más noble de vosotros ante Allah es el
que más Le teme”. (Sura de los Aposentos Privados, 13)
Sexto:
Se debe rechazar el fanatismo religioso insistiendo en la
singularidad del mensaje y de los mensajeros, reconociendo a
todos los profetas y teniendo fe en ellos y en la
inspiración divina que recibieron (mira la Sura de la Vaca,
285 y la Sura de la Consulta, 13) Por lo tanto, no se pueden
justificar de ninguna manera las “guerras religiosas” en las
que los seguidores de un profeta luchen contra los
seguidores de otro, aunque los musulmanes crean en el Islam
como la religión que completa el círculo y abroga todas las
leyes y religiones anteriores.
Además
en el Corán, Allah se dirige a toda la gente del
Libro, en general, diciendo: “Adoremos únicamente a
Allah, sin asociarle nada y no nos tomemos unos a otros por
señores en vez de Allah”. (Sura de la Familia de Imrán,
64) Pero, ¿y si ellos os dan la espalda? La aleya no dice
que los matéis, que luchéis contra ellos o que los tratéis
con dureza o con violencia, sino que dice: “Y si vuelven
la espalda, decid: ¡Sed testigos de que somos musulmanes!”.
(Sura de la Familia de Imrán, 64)
Séptimo:
Los humanos por el simple hecho de serlo han de ser honrados.
Dijo el Altísimo: “Es cierto que hemos honrado a los
hijos de Adam”. (Sura del Viaje Nocturno, 70) Con las
palabras “hijos de Adam” se ha querido honrar a toda la
humanidad, no sólo a los musulmanes, y el modo de hacerlo es
respetando su vida, su honor y sus riquezas, como dijo
Allah, el Altísimo: “Por esto les decretamos a los
hijos de Israel que quien matara a alguien, sin ser a cambio
de otro o por haber corrompido en la tierra, sería como
haber matado a la humanidad entera”. (Sura de la Mesa
Servida,32)
Cuando se
habla aquí de las vidas de las personas que han de ser
preservadas no se está haciendo referencia solamente a las
vidas de los musulmanes, sino a la de cualquier ser humano,
en general. De hecho, el término “nafs”, utilizado en esta
aleya coránica para hablar de la persona a la que no se le
puede quitar la vida, fue utilizado asimismo por el Profeta
–que Allah le bendiga y salve- cuando cierto día pasó
ante él un cortejo fúnebre de un hombre judío, y él se
detuvo en señal de respeto. Al hacerlo, le dijeron: “Se
trata del funeral de un judío”, a lo que respondió el
Profeta –que Allah le bendiga y salve-: ¿Es que acaso
no era una persona? (por al Bujari)
Octavo:
Los principios que rigen la relación de un musulmán con un
no musulmán han de estar basados en la bondad y en la
equidad (justicia), como indican las palabras del Altísimo:
“Allah no os prohíbe que tratéis bien y con justicia a
los que no os hayan combatido a causa de vuestra creencia ni
os hayan hecho abandonar vuestros hogares. Es cierto que
Allah ama a los equitativos...”. (Sura de la Examinada,
8-9) Llama la atención la palabra “Barr” (virtuosidad,
bondad, piedad) que se emplea en la aleya para describir la
relación que ha de existir entre musulmanes y no musulmanes.
Pues, además de ser la condición más sublime que alcanzan
los seres humanos, tanto la palabra en sí, como sus
derivados aparecen en el Corán y en la sunna para
describir la relación que cualquier persona ha de mantener
con sus progenitores: una relación piadosa, atenta y
respetuosa. Es evidente que el uso de la palabra en este
contexto tiene un objetivo muy claro, ya que Allah
pudo haber utilizado otras palabras para referirse al buen
trato; sin embargo, utilizó ésta porque concuerda a la
perfección con la razón de ser del mensaje del Islam, que
descendió “como misericordia para todos los mundos”.
En cuanto
al término utilizado en la aleya para indicar equidad, al
Qurtubi citó -transmitido por Ibn Arabi- “tratadles con
justicia”, lo que significa que les den parte de sus
riquezas a modo de unión, pero aquí no se habla de la
equidad como justicia, ya que la justicia se debe para con
todo el mundo, combatan o no.
Asimismo,
el Corán invita a los musulmanes a establecer un diálogo
pacífico, sobre todo con la gente del Libro, y hace énfasis
en los denominadores comunes que existen entre ellos. Dijo
Allah, el Altísimo: “Y no discutas con la gente
del Libro sino de la mejor manera, a excepción de los que
hayan sido injustos. Y decid: Creemos en lo que os ha hecho
descender a vosotros, nuestro dios y vuestro dios es Uno y
nosotros estamos sometidos a Él (somos musulmanes)”. (Sura
de la Araña, 46)
El hecho
de que el bendito Corán resalte la existencia de diferencias
significativas en temas fundamentales con los Libros
revelados por Allah, en especial lo que se refiere a
creer en Él, en Sus nombres y en Sus cualidades, indica
claramente que el Corán incita a los musulmanes a descubrir
y a comprender todos los rasgos que tienen en común con la
gente del Libro. El Corán les exhorta, asimismo, a
aprovechar todas esas características que les une y a estar
en contacto y a colaborar con ellos de un modo equitativo y
con temor de Allah, siempre y cuando no se
contradigan los preceptos del Islam.
Algunas de
las características comunes que tienen los musulmanes con la
gente del Libro son: tener fe en Allah y creer en los
profetas, en la revelación divina, en los Libros, en el Día
del Juicio Final y en los valores éticos, como la paz, la
justicia, el altruismo, la compasión para con los animales,
la protección del medio ambiente, etc.
Noveno:
Los musulmanes han de ser justos y bondadosos con todo el
mundo, incluidos los no musulmanes, de hecho el Corán pide
que se obre con justicia hasta con los enemigos. Dice
Allah el Altísimo: “Y que el odio que podáis sentir
por unos no os lleve al extremo de no ser justos. ¡Sed
justos! Eso se acerca más al temor (de Allah). Y temed a
Allah, es cierto que Él conoce perfectamente lo que hacéis”.
(Sura de la Mesa Servida, 8) (Recomiendo también la lectura
de la Sura de las Mujeres, desde la aleya 105 hasta la 113 y
la aleya 135). Es evidente, por tanto, que maltratar a los
no musulmanes y responder a su bondad con maldad no entra
dentro del concepto de justicia, como dijo Allah el
Altísimo: “¿No es el bien la recompensa del bien?” (Sura
del Misericordioso, 60)
Basándome
en los principios básicos, arriba mencionados, que rigen las
relaciones entre los musulmanes y los no musulmanes, y
después de haberlos argumentado a través del bendito Corán y
de la sunna, quiero hacer hincapié en ciertas
cuestiones que todo musulmán que se considere honrado ha de
tener presente:
1- La
violencia física, las amenazas o la coerción no están
contempladas en el Islam, pues se trata de una religión
llena de misericordia y que sirve de guía a la gente.
“Y no te hemos enviado sino como misericordia para todos
los mundos”. (Sura de los Profetas, 107)
2-
Debemos limpiar la imagen equivocada que tienen del Islam y
de los musulmanes los que no lo son. Debemos darles a
conocer el correcto mensaje del Islam y
aconsejarles, con buenas palabras y con mucha prudencia, que
sigan por el camino de Allah.
3- Debemos
hacer ver a los no musulmanes que no constituimos ninguna
amenaza para ellos, explicándoles que actuar con violencia y
matar a inocentes no forman parte de las enseñanzas del
Islam.
4- Debemos
aconsejar a los musulmanes que tienen ideas violentas que
teman a Allah, que intenten comprender de un modo
correcto los textos legítimos y que no deformen la imagen
del Islam con su equivocada manera de entenderlo.
Ciertamente su manera de ver el Islam y toda esa violencia
que emplean hacen más daño al Islam y a los musulmanes que a
cualquier otra persona. Además esas ideas violentas no
pertenecen al Islam y tampoco forman parte de la doctrina
del Profeta Muhammad, que Allah le bendiga y salve.
Así pues, si al aconsejarles, esas personas entran en razón,
daremos gracias a Allah, pero si no lo hacen, no
debemos protegerles ni ocultarles, sino que hemos de
alejarles de nuestro lado.
5- Los
musulmanes deben beneficiarse de las leyes que existen en
las sociedades no musulmanas, en especial de las leyes
relativas a la educación de los niños; puesto que los niños
musulmanes tienen el mismo derecho a la enseñanza que los
demás niños. Por lo tanto, cualquier musulmán inteligente
aprovecharía todas las oportunidades que fueran buenas para
sus hijos y para su óptima formación académica, de lo cual
carecemos en muchos países árabes e islámicos. La prueba de
ello es que tanto el Profeta –que Allah le bendiga y
salve- como sus honrados compañeros se beneficiaron de
algunas leyes que tenían los no musulmanes, como la ley de
protección tribal.
6- Recae
sobre los padres la tarea de preservar la identidad islámica
de sus hijos, pero al mismo tiempo deben explicarles que su
identidad islámica no se contradice con el hecho de convivir
con los no musulmanes. De hecho, el Islam por naturaleza es
una religión abierta y comunicativa con los demás. El
Profeta Muhammad, que Allah le bendiga y salve,
trataba indistintamente con musulmanes y con no musulmanes.
7- Los
musulmanes deben aprender de la experiencia de los no
musulmanes y deben tener buena opinión de ellos. Eso es lo
que hizo el Profeta, que Allah le bendiga y salve,
que pagó a Abdallah Bin Abi Arqit, que no era musulmán, para
que le guiara por el camino cuando hubo de huir de la Meca.
El Profeta se aprovechó de esos conocimientos para llegar a
Medina sano y salvo, ya que sus enemigos (Quraysh) habían
puesto precio a su vida. Habían ofrecido un premio de cien
camellas a cambio de capturar a Muhammad, vivo o muerto.
Estos son
algunos de los principios fundamentales que rigen las
relaciones entre los musulmanes y los no musulmanes. Si
buscamos en el Corán o en la sunna, encontraremos
razones suficientes que obligan a los musulmanes a tratar
bien a los demás, sea cual fuere su religión.
Allah
te pido: Encamínanos, juntos todos los musulmanes, en el
óptimo discernimiento de Tus enseñanzas, en la honestidad,
para que concurramos en busca de Tu satisfacción y estemos
lejos de provocar Tu ira. El acierto vendrá por haberte
seguido, y el error es responsabilidad nuestra o por el
Shaytán; y, que la paz y la bendición sean con Tu siervo
y profeta Muhammad, con su familia y con todos sus
compañeros.
La paz y
la bendición de Allah estén con vosotros.
Jamal
Issa Moh’d Chattat
-
Diplomado en la Lectura del Corán por el Ministerio de
Asuntos Islámicos en Jordania.
-
Diplomado en las Ciencias del Corán, Jordania.
-
Licenciado en los Fundamentos de la Religión Islámica,
expedido por la Facultad de Ciencias Árabes e Islámicas de
la universidad Valle del Nilo, en Sudán. |