hoy es el tercer día de muharram de 1429 de la
hégira. Se trata del primer mes en el calendario musulmán, el cual nos
recuerda gratamente a un gran acontecimiento en la historia del Islam:
La migración del Profeta, que Allah bendiga y salve, de La Meca a
Medina.
Esa migración supuso un
cambio para el Islam que pasó de vivir en peligro a vivir en un entorno
seguro, de vivir preso a ser libre, de vivir en La Meca rodeado de un
pueblo hostil a estar en una nueva tierra con un pueblo que, desde el
primer momento, lo abrazó y veneró a su Profeta. Y así fue como se
instauró la Nación Islámica cuyo resplandor iluminó al mundo entero.
La palabra hijra, en
la jurisprudencia islámica, significa abandonar los países infieles para
vivir en países musulmanes; alejarse de los maliciosos y juntarse con
los piadosos; dejar de hacer el mal y renunciar a las costumbres
abominables.
Por lo tanto, la hijra
es:
1-Evitar los
pecados, las malas acciones y las costumbres reprobables. Dijo el
Profeta, que Allah bendiga y salve: “Ciertamente, el muhayir[1]
es aquél que abandona todo lo que Allah le prohíbe”.
2-Alejarse de
los díscolos y de las malas compañías.
3-Encaminarse
hacia Allah siendo un buen devoto. La finalidad última de los actos y
palabras de los creyentes debe ser agradar a Allah: tienen que amar y
ser amados por Él.
4-Obedecer y
seguir los mandamientos de Allah y la Sunna de Su Profeta, que Allah
bendiga y salve.
Siervos de Allah,
De este hecho producido en la
historia del Islam se pueden sacar algunas conclusionesque debemos aprender y tener siempre en cuenta:
Allah ha hecho que la religión y la fe
prevalezcan sobre todas las cosas, por tanto, si la fe corre
peligro, la tierra, la nación y las riquezas perderán todo su valor
y dejarán de tener importancia. Es por ello, por lo que Allah nos ha
ordenado que sacrifiquemos todo cuanto poseemos para preservar
nuestra fe, al igual que hicieron los compañeros del Profeta cuando
abandonaron sus casas y renunciaron a sus riquezas para proteger el
Islam.
Si nos paramos a pensar un momento en nuestra propia emigración (si es
que se nos puede llamar emigrantes) y la comparamos con la que realizó
el Profeta, que Allah bendiga y guarde, veremos que son contrarias: Él
emigró de una tierra de infieles a la tierra del Islam y renunció a los
bienes terrenales para poner a salvo su fe. Nosotros, en cambio, hemos
emigrado de países musulmanes a no musulmanes y la mayoría lo ha hecho
sacrificando sus creencias, su honor y su cultura. Éstos últimos
creyeron que los bienes materiales les aportaría felicidad, y no se
dieron cuenta de su error hasta que perdieron la fe, a sus hijos y a sus
mujeres. Es preciso por tanto
que aprendamos de nuestros antepasados sabios y antepongamos nuestra fe
y nuestra doctrina a los placeres terrenales.
El Profeta, que Allah
bendiga y salve, tomaba decisiones maduradas y a continuación se
encomendaba a Allah. El Profeta durante su migración tuvo que tomar
decisiones como hacer que Ali se acostara en su propia cama la noche
de su partida; pedir ayuda a un idólatra para que le indicara el
camino; esconderse en el bosque hasta que dejaron de buscarle; crear
un órgano de información representado por Abdallah Ibn Abi Bakr que
le llevaba las noticias de Quraysh; organizar un equipo para el
abastecimiento a través de Asma Bint Abi Bakr. Nosotros debemos
actuar del mismo modo, hemos de meditar bien las cosas y luego
encomendarnos a Allah.
El Profeta cuando
abandonó La Meca dejó tras de sí a Ali para proteger las posesiones
que le habían confiado y no se las llevó como botín de guerra, pues
apropiarse de cualquier objeto que haya sido depositado para su
custodia se considera robar, lo cual es pecado. Por lo tanto,
nosotros no debemos agredir u ofender al pueblo que nos ha acogido
ni hacernos con sus riquezas; ya que confiaron en nosotros al darnos
permiso de entrada a su país. No debemos olvidar esto: en este país
hemos de honrar nuestra religión y tener un buen conocimiento de la
misma para poder respetarnos a nosotros mismos y así nos puedan
respetar los demás.
Al igual que hizo el
Profeta que aprovechó los conocimientos de un idólatra para que le
mostrara el camino hacia Medina, nosotros debemos aprovechar la
experiencia del pueblo en medio del cual vivimos. Debemos aprender
de su organización, su educación, su higiene y de cómo manejan los
asuntos de la vida. ¿Es que los musulmanes van a seguir viviendo
siempre de una manera caótica? Desorganizados en las casas, en la
educación de los hijos, en el trato con las mujeres, en los
horarios, en los trabajos, etc. ¿Por qué no aprovechar las cosas
buenas que tienen siempre que no se contradigan con nuestra
Sharía?
El último punto del que
voy a hablar es del amor que el pueblo de Medina y los compañeros
del Profeta sintieron por éste: intentaban verle continuamente y
sentarse a hablar con él. Eso mismo desean hoy día todos los
creyentes, aunque sea en sueños.
Hermanos, ¿sabíais que el
Profeta, que Allah bendiga y salve, también desearía poder veros y
hablar con vosotros? Sin embargo, que este hecho se pueda producir
depende de vosotros, de que realicéis las abluciones y los rezos a sus
horas, de que sigáis la Sunna del Profeta y de que os asemejéis a él en
cuanto a su conducta y su moral.
Ruego a Allah que nos haga devotos de nuestro
Profeta, por el que nos guiemos en esta vida y con el que nos reunamos
en la otra.